Un soñador intrépido en los Andes
EL QOYLLUR RIT’I EN LAS PLACAS DE JERO GONZALES

LUIS CÁCERES ÁLVAREZ
https://orcid.org/0000-0002-1738-5483
Periodista y docente de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas - UPC
pcculcac@upc.edu.pe
FOT. Nro. 5. Julio de 2021. ISSN: 2709-0507. V. 4 - n.° 5. pág. 4 - 9.
Recibido: 25 de abril de 2021 / Aceptado: 13 de junio de 2021.
LA COSMOVISIÓN ESTÁ PRESENTE EN EL LENGUAJE, EN LOS SONIDOS Y EN EL
PAISAJE. POR ELLO, JERO GONZALES HA RECORRIDO EL NEVADO AUSANGATE
DURANTE LA FESTIVIDAD DEL SEÑOR DE QOYLLUR RIT’I, EN EL CUSCO,
ACOMPAÑADO DE UNA CÁMARA DE GRAN FORMATO (4×5”) PARA MOSTRAR LOS
ROSTROS DE DIVERSOS PUNTOS DEL PERÚ. ¿CÓMO SE LOGRA RECORRER UN MISMO
CAMINO DE FE Y ESPERANZA A TRAVÉS DE LA FOTOGRAFÍA?

Camina pausado. Carga un trípode y una cámara de placas en su hombro
derecho. Más una mochila donde guarda los lentes, el fotómetro, una
impresora portátil y sus sueños. Contempla las idas y venidas de los
ukukus juguetones —esos muchachos que le bailan a la montaña y a los
espí- ritus protectores—; como también, de otros serios e incrédulos.
“Ellos son nosotros mismos en distin- tos estados”, dice y sigue su
camino. Se llama Jero Gonzales (Cusco, 1982), fotógrafo errante en la
festividad religiosa del Qoyllur rit’i que se desa- rrolla en el
distrito cusqueño de Ocongate, en la provincia de Quispicanchi, quien
registra los rostros de los viajeros. Así, se sorprende con la
revelación de los trajes, de las cruces, de los ríos, pero, sobre todo,
del trato que mantiene con los personajes que ha encontrado durante 30
años a
lo largo de esa ruta.
Durante dos años después de terminar el colegio, a finales de los
noventa, Jero estuvo en un limbo. Había decidido no estudiar una
carrera profesional convencional. Se inclinó por la computación porque
lo veía como un complemento para cualquier carrera que estudiara luego.
“En el contexto donde yo vivo elegimos las carreras para estudiar por
el tema económico. Muchas veces prevalece eso. Tiene más peso que algo
que te guste”, sostiene. Sin embargo, no dejó sus pasos por la música
ni como danzante. No es hasta el 2012 que tuvo la oportunidad de
trabajar en el distrito de Ocongate donde descubrió que la fotografía
sería un camino de vida. Comenzó a ver imágenes impresas en blanco y
negro de los Talleres de Fotografía Social (TAFOS). Luego, asistió una
exposición de Martín Chambi en el Cusco y recorrió la festividad del
Qoyllur rit’i con una cámara. Desde entonces, solo pensaba en ir a Lima
a estudiar. “Uno por su cuenta puede aprender en 10 años y lograr
trabajos increíbles, pero cuando se estudia tres años con experi-
mentación nos ahorra tiempo en construir propuestas fotográficas”,
opina.

El lingüista Mario Montalbetti dice que el Perú tiene una tradición
artística importante en poesía y fotografía. Jero insiste en que los
nuevos fotógrafos deberían de conocer esas fuentes. “Nuestro país está
aprendiendo a valorar más el trabajo fotográfico”, recalca. Sus
influencias son por etapas. Él admira a Martín Chambi porque fue un
aventurero como Ansel Adams y Robert Frank. También a Fernando La Rosa,
Billy Hare, Javier Silva Meinel; quienes nos han ayudado a pensar
nuestro país. “El legado histórico que tenemos a través de su
propuesta, a través de sus ojos, es experimental y sensorial”, dice.
Asimismo, defiende el uso del quechua, su lengua materna, que aprendió
al vivir con sus abuelos. Por ende, los proyectos que formaliza son un
homenaje a ellos; como también, a sus memorias de la niñez, para
demostrar que el idioma nos hace comprender un mundo. “Es la principal
justificación para acercarme al valor cultural que posee el quechua”.
De este modo, quiere contribuir en el crecimiento de su comunidad.
Es devoto del Señor de Qoyllur Rit’i. Por eso, explica a otros de qué trata su proyecto:
Puriq significa el caminante o el que camina. Masiy significa
compañero. “Puriq masiy puede ser el compañero de camino desde un tema
de inspiración”, dice Jero quien tiene como ejem- plo a Ansel Adams.
“Su trabajo está relaciona- do al paisaje y eso a mí me inspira. De
alguna manera, yo quiero seguir sus pasos”. El proyecto Puriq Masiy
simboliza para Jero que la calma tiene mucho más para “revelarnos”. Se
trata de tener hoy, una forma de “esperar” distinta, dice, “yo
relaciono la luz a la fotografía, a la cámara, pero también a un
sentido de esperanza. La revelación es a las placas, pero también
cuando uno intenta encontrar la verdad, visibilizando estos aspectos de
cultura, de tradición y de fe a través del camino”.
Le hechiza la suma de la técnica y el esfuer- zo. Ir al lugar sin
cámara a escuchar, a oler, a ver con el corazón porque la creatividad
llega con los estímulos. Ese es su cable a tierra. El blanco y negro es
parte de su lenguaje, pero no se limita. La mayor parte de su trabajo
apela a la exploración, la sensorialidad y la experiencia.

Le encanta que sus imágenes gocen de perso- nalidad y que respiren. Si
hay desconfianza, se nota en el retrato. Salvando las distancias, iría
a las fiestas e invitaría a personas que no conoce a que posen. Él
llama “retratos intrépidos” a esos ensayos que le brindan la
oportunidad de acercarse. Comienza de cero porque “si quieres retratar
a una persona que conoces, ya es gratui- to”. O fácil. Lo principal
para Jero es que a los retratados no se les note la tensión, que no se
sientan forzados. Piensa en la reciprocidad. Le entregan su tiempo, su
imagen y sus ilusiones.
Esos “retratos intrépidos” fueron hechos en Chinchero, en Paucartambo,
en Puno y en otras comunidades de camino a la festividad del Qoyllur
rit’i, el peregrinaje ritual al pie del neva- do Ausangate a 4700 msnm
y a temperaturas por debajo de los 0 °C, dominando el equipo porque un
retrato sale en 5 o 7 minutos. Así, usaría la cámara de gran formato,
justamente, como una preparación para Puriq Masiy porque tenía que
resolverlo en un solo viaje y en tres días. Lo que hacía era prueba y
error en otras celebraciones. “Estos retratos fueron la mejor excusa
para ir a las fiestas patronales del Cusco donde se come rico, se baila
y se enriquece la vida”, confiesa y ríe porque puede ser muy hablador
con amigos, pero con personas desconocidas le resulta difícil, por su
carácter.
No todas las imágenes se leen de la misma manera, dependen de la
experiencia y de la cultura visual. El fotógrafo debe pregun- tar sobre
qué quiere mostrar y responder qué quiere decir. Su expertise dura más
allá del acto fotográfico. Para Jero, tienes que plantar el trípode.
Enfocar. Encuadrar. “Cuando creas una imagen con una cámara de placas,
te va a demorar, así que aprovecho ese tiempo para conocer a la
persona”, dice que quienes posan están contentos porque está dispuesto
a sacar- les una fotografía para perdurar su memoria.
“Antes de la toma tú puedes ver a los ojos al retratado y el retratado
te puede ver a los ojos. Con la cámara de placas, tú te pones la tela
encima para enfocar, colocas el chasis para hacer la toma final y miras
de frente al retratado. Me gusta porque creas un vínculo efímero que se
queda atrapado en la imagen. Ese momento es mágico”. Es un proceso que
le gusta contar: “El primer minuto en que una persona está fren- te a
una cámara, está ansioso. En el minuto dos se le va pasando. Habla algo
con el fotógrafo en el minuto tres y asume que va a demorarse un poco
más. Se relaja. En el minuto cinco, seis o siete hacemos la foto”.

A pesar del trabajo duro en la montaña, Jero también llevó consigo una
impresora portátil y una cámara digital. Primero, registró en placas y
luego imprimía las digitales mien- tras guardaba los equipos. Un gesto
noble de su parte porque muchas veces el fotógrafo no se compromete y
se demora en devolver las imágenes que obtiene. “Encuentro un paralelo
entre la vida misma y esos ocho kilómetros de recorrido donde te vas
conociendo, te acercas a ellos y ellos te aceptan a ti”, dice.
Sus temas son reflexivos, de cómo el ser humano aprende a vivir con lo
que le toca. Para Jero, no tenemos nada que envidiar a otros países.
Exportamos buena factura. Es cuestión de valorar lo que tenemos. A
través de sus ojos, él quiere: “Humanizar a las personas, no
exotizarlas. Humanizar nuestra cultura”. Solo necesita tiempo para
investigar a profundi- dad, para reflexionar, para conceptualizar: “Es
como si fueses una radio que va sincronizando frecuencias u ondas.
Todos estos estímulos sensoriales te dirán algo, o sentirás algo, a
partir de ahí podrás construir alguna propuesta, o un discurso frente
al tema, la situación o lo que tú quieras decir”.
