LIMA, UNA MIRADA
ENSAYO DE UNA CIUDAD A COLOR

Fidel Carrillo
Fotoperiodista peruano.

FOT. Nro. 5. Julio de 2021. ISSN: 2709-0507. V. 4 - n.° 5. pág. 54 - 59.
Recibido: 26 de febrero de 2021 / Aceptado: 6 de abril de 2021.



obre las faldas de un castillo de colores perso- nas se deslizan cuesta abajo. Detrás de este palacio para jugar, saturado y radiante, está el cerro San Cristóbal. El juego inflable parece haber- se tragado todo el color del mundo; detrás de él, el paisaje es gris, como siempre hemos creído que es Lima. La yuxtaposición de los dos apus en esta fotografía de Fidel Carrillo, tomada en San Juan de Lurigancho, desmiente este lugar común. La Lima que vemos en sus fotografías está lejos de ser gris.

Fidel Carrillo nació en Lima, pero no se define como limeño. Él dice que es de Comas; ha heredado el espíritu migrante de sus padres ancashinos. Estudió la carrera de periodismo, aunque su obsesión estaba en la imagen fija. Su formación fotográfica es autodidacta. Antes de poder costearse su primera cámara de fotos, escrutaba los ejemplares de segunda mano de revistas de fotografía que compraba en La Colmena y coleccionaba viejas ediciones de Caretas, cuyas fotos estudiaba acuciosamente. Se subía a la línea Santa Cruz-Retablo-Comas y hacía el viaje ida y vuelta, hasta el paradero final, mirando a la gente a través de la ventana del bus, convertida en un visor. Desde 1994 se dedicó al fotoperiodismo. Durante estos 25 años forjó, paralelamente, uno de los más importantes ensayos fotográficos artísticos y documentales sobre Lima.



 

Carrillo está inserto en la tradición del ensayo fotodocumental sobre la Lima migrante que iniciaron Jaime Rázuri, desde los ochenta, y Daniel Pajuelo, durante los noventa. Los tres hicieron el mismo recorrido geográfico por los conos y el centro de Lima. Tanto Rázuri como Pajuelo empezaron adscritos a la tradición europea de la fotografía documental clásica, en blanco y negro, con una observación cercana de la marginalidad. En Carrillo el color andino que los migrantes y sus descendientes llevan en la memoria irrumpe en la imagen; las escenas están embebidas de la estética migrante. Esta Lima no es ya marginal; las fotografías de Carrillo –desbordantes, efervescentes– reflejan la vida de las mayorías limeñas, vistas desde dentro.

Fidel vuelve una y otra vez a los lugares que lo cautivan y se sirve de ellos como esceno- grafías. Sus personajes conviven yuxtapuestos en distintos planos donde la luz y las sombras transforman lo cotidiano en fantástico. Los para- jes de la sierra, el abolengo criollo y el consu- mismo occidental conviven en armonía dentro de sus imágenes, con ironía y humor. Aquí, la identidad es vivida a plenitud. Fidel toma el tan mentado caos limeño, lo recompone y nos lo devuelve transformado en arte. El comentario social, siempre presente, deja entrever una experiencia de pertenencia y orgullo, donde las distintas culturas cohabitan en paz. La integra- ción que estamos esperando los limeños desde hace décadas está representada en sus foto- grafías. Esta es la Lima actual, una en la que no viene al caso categorizar ni segmentar. En ella un gobelino, ese infaltable elemento de la vieja decoración limeña, se encuentra muy a gusto convertido en una carpa que sirve de baño en un cementerio informal. En sus fotografías, la ciudad se siente bien consigo misma. Tal vez porque en ellas Lima habla con su propia voz.

- Mayu Mohanna