Las luces de la historia
SOBRE EL LIBRO LOS PERUANOS Y EL ARCHIVO DEL MÍTICO FOTOPERIODISTA CARLOS “CHINO” DOMÍNGUEZ
The lights of history. About the book Los Peruanos and the archive of the mythical photojournalist Carlos “Chino” Domínguez.
LUIS CÁCERES ÁLVAREZ
https://orcid.org/0000-0002-1738-5483
Periodista y docente de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas - upc
pcculcac@upc.edu.pe
FOT. Nro. 5. Julio de 2021. ISSN: 2709-0507. V. 4 - n.° 5. pág. 60 - 63.
Recibido: 2 de mayo de 2020 / Aprobado: 10 de julio de 2020.
Palabras claves: Fotografía, periodismo, memoria, archivo, historia.
Key words: Photography, journalism, memory, archive, history.

Portada de la primera edición, 1988.
RESUMEN
El libro fotográfico Los Peruanos,
de Carlos Domínguez, es una pieza clave de la historia del
fotoperiodismo en el Perú. Su contenido es doblemente importante, como
una mirada cercana a los acontecimientos y personajes trascendentales
de finales del s. XX, y como una obra gráfica elaborada a partir de la
narrativa visual, gerenando, con sus imágenes, un discurso sobre lo
peruano. Esta reseña intenta descifrar ciertas claves impresas en sus
páginas para entrar en el terreno de la memoria y el valor del archivo
fotográfico del autor.
ABSTRACT
The photographic book Los Peruanos,
by Carlos Domínguez, is a central piece in the history of Peruvian
photojournalism. Its content is doubly important, such as a close look
at the momentous events and characters of the late twentieth century,
and as a graphic piece made from the visual narrative, generating, with
its images, a discourse on the Peruvian. This review attempts to
decipher certain keys printed on its pages to enter in the field of
memory and the value of the author’s photographic archive.

Portada de la segunda edición, 1999.
Título: Los Peruanos
Autor: Carlos Domínguez Hernández Edición: Carlos Domínguez Hernández Diseño: Icono Comunicaciones
Textos: Reynaldo Naranjo
Diensiones: 31cm x 25cm / 187 páginas Número de fotografías: 280 (blanco y negro)
Editorial: America Leasing Ediciones Segunda edición, 1999.
l 17 de febrero del 2021 se cumplió
una déca- da del fallecimiento del mítico fotoperiodista Carlos “Chino”
Domínguez (1933-2011), quien nos entregó “los mil rostros del rostro
peruano” de la segunda mitad del siglo XX a partir del registro
fotográfico de la cultura, la política y las calles. El historiador
Pablo Macera, al final de su prólogo en la segunda edición de Los
Peruanos (America Leasing, 1999), señaló “somos un país maravilloso y
maltratado donde el futuro pugna”.
Eran fines de la década del setenta
y este fotógrafo, corajudo y terco, se defendía de los golpes de la
policía a punta de patadas para conseguir primicias. No importaba si el
opera- tivo era peligroso o arriesgado. Tenía que estar donde estaba la
noticia. De este modo, todos sus amigos dirían que fue un maestro que
ense- ñó rapidez, intuición e improvisación.
Domínguez antes de publicar Los
Peruanos editó con los periodistas Guillermo Thorndike y con Raúl
Sagástegui: El año decisivo (1980) respecto al tránsito del gobierno
militar a la democracia. Y, simultáneamente, llegaría La república
militar 1930-1980. También con Thorndike. Los primeros libros
fotográficos donde Domínguez trasladó su voluminoso archivo. Después
publicaría Los apachurrantes años 50 (1982, otra vez con Thorndike)
Cuando ocurrió la tragedia que enlutó al periodismo, apareció
Uchuraccay. Testimonio de una masacre (1983). Era muy exigente, pero
sabía que había limitaciones técnicas en cuanto a la impresión. Siempre
buscó periódicos y revistas que tuvieran la mejor calidad para situar
sus fotografías. Y, no cabe duda, le molestaba que utilizaran su
trabajo sin su permiso.
Para Fernando Obregón Rossi y
Alberto Escalante, cómplices en las dos ediciones de Los Peruanos, el
trabajo de Domínguez, más que una colección de fotografías, es un
ensayo fotográfico del Perú. Los Peruanos (Hechos & Fotos, 1988)
distribuye las imágenes con textos, abridoras a doble página y cuadros
más peque- ños, encontrando así una narrativa visual que acompaña y
guía al lector. Esto fue producto de una lectura más íntima que el
autor realizó en mesa. Tenía las fotografías tiradas en el piso de su
casa, las ampliaba y sobre eso editaba. Los recursos económicos de esa
propuesta permitieron el “capricho” de darse el tiempo para preparar su
libro con cuidado. “El que quedaría”, cuentan los involucrados. Los
textos fueron escritos por el poeta Reynaldo Naranjo.
La primera edición, publicada en
1988 gracias a un auspicio otorgado por Concytec, es limpia y clara.
Todas las fotografías están en blanco y negro a excepción de las
elegidas para la portada, que presenta tres fotografías a color y una
en blanco y negro. Esta edición goza de un diseño sencillo y está
impresa en papel couché de modesto gramaje. La segunda, en cambio,
publicada por America Leasing en 1999, tiene mayor volumen de gramaje
en sus páginas y un diseño mucho más moderno. Fue una publicación de
lujo para la época. La única observación que dio el autor fue que todas
las fotos estaban bañadas de un color tipo sepia que le quitaba la
esencia del blanco y negro, esa atmósfera artística.
El intenso grado de sugestión que
tienen sus imágenes muchas veces se debe a la ausencia del color. “El
Perú es un país en blanco y negro”, decía. Fue uno de sus recur- sos
expresivos fundamentales como reportero gráfico: “Para el fotógrafo
profesional, las tona- lidades del blanco y negro te dan una gama de
temperatura, de emoción, que obliga al lector a que pueda leer e
interpretar. La gama de tonos en grises y en negro intenso es la vida
propia nuestra”.
En su obra, también se puede sentir
la estrecha relación que tuvo con los poetas de Hora Zero, un
movimiento vanguardista de la década del setenta que proponía una
mirada más cercana a la vida diaria, a las clases margi- nadas, y a la
realidad del Perú. Sus compañeros lo recuerdan como un hombre culto,
que habla- ba siempre con metáforas y figuras literarias. En el
programa Presencia Cultural señaló que el fotógrafo peruano es muy
audaz, pero lo que le falta “es un poco de cultura”. Y compartió uno de
sus secretos:
“El poeta, novelista o narrador
dice todos los acontecimientos de una circunstancia desde el ambiente,
la luz, el personaje a quien describe. Eso es casi una fotografía
escrita. Entonces, si el fotógrafo lee una novela de Hemingway o
Thorndike te das cuenta que son muy minuciosos en el detalle, son
fotografía de texto. El peruano es muy bueno sin leer, si leyera, sería
excelente”.
El autor supo capturar los
contrastes de los rostros de políticos en momentos funda- mentales de
la historia peruana. Pero, también la vida cotidiana en la ciudad y en
el campo. Macera sostiene que existen dos ejes claros en el
arte-testimonio del país a lo largo del siglo XX. Estaba Chambi y
estaba Domínguez. Pero en qué sentido sus fotos son también poesías que
hablan de lo cotidiano: En una imagen, una niña sueña en la penuria,
abrigándose al costado de un balón de gas mientras se sanco- chan unos
huevos en el Puesto ambulante de comida (1975), en medio de las calles.
Si una fotografía no transmite algo, por más perfecta que sea
técnicamente, se olvida. Difícilmente podríamos olvidar esta imagen
paradójica de la niñez y la informalidad.
Domínguez utiliza la secuencia como
recurso fotográfico para expresar su sensibili- dad por lo cotidiano.
De la página 40 a la 43, está Los hijos del asfalto: Un hombre se
acerca a descubrir a otro durmiendo en el suelo, al lado de un auto.
Fue también un maestro del retrato. Las páginas siguientes recogen una
serie de retratos psicológicos a diversos inte- lectuales de la época.
Algunos dubitativos, alegres, despreocupados o atentos como la
periodista Doris Gibson de espaldas a la pintura de Sérvulo Gutiérrez,
en Cristo de Luren (1965), o el Decimista Nicomedes Santa Cruz (1974).
Poseía la habilidad para generar una sensación de intimidad con sus
retratados, como si no hubiese cámara y ellos quedasen en la soledad de
sus pensamientos mientras contaban la historia de su vida.
Por si fuera poco, también están
las fiestas y las tragedias. La imagen de Augusto Ballón (1978),
compañero de canto de Felipe Pinglo, bailando con su esposa Teófila
“Coco” Ramírez, sintetiza su cariño por esa jarana que tanto llamó su
atención. Como esas experiencias en lo sórdido de los penales, que el
oficio le otorgó porque, justamente, donde está la noticia debe estar
el periodista. Los encuadres de fuego de Limazo, la huelga policial
ocurrida el 5 de febrero de 1975, en Lima, donde nos muestra su
intrépida vida entre los sustos, la perseve- rancia y la suerte. En
suma, todas sus imágenes nos invitan a conocer cómo fuimos y somos los
peruanos. Su obra pretende hacernos recordar que nuestros vicios y
nuestras virtudes se han quedado intactos en más de cuatro décadas.
Carlos “Chino” Domínguez le dio,
como nadie en su tiempo, un gran valor al archivo. Apuntaba a que el
país tuviera un “gran museo de la fotografía” donde se guarde material
de diferentes rincones del territorio nacional. “En provincia hay muy
buenos fotógrafos y los archivos han desaparecido”, replicaba, “lo que
falta es un orden, un control, para mantener esta memoria fotográfica”.
En 2009, Domínguez vendió parte de su archivo a la Universidad Alas
Peruanas aunque, según Obregón Rossi, no estuviera preparada para tal
encargo. El archivo se dispersó. El mismo Domínguez lo fragmentó en
seis o siete partes. A su hija le dejó las imáge- nes de los
intelectuales y a otros compañeros les tocó las imágenes más
periodísticas. Lo que buscó con esto, fue que le dieran a su archivo el
mismo valor cultural e histórico que él le otorgó.
Por ello, hay una obligación con la
cultura peruana al abrir las ventanas de par en par y compartir las
historias de luces y sombras en las imágenes del mítico Carlos
Domínguez. En lo personal, siempre he visto a Los Peruanos —que ahora
solo puede ser encontrada en las viejas colecciones de ciertas
librerías— como un espejo donde nos miramos y reflexionamos. Los
Peruanos es un mosaico social contemporáneo y atemporal. Este libro
puede servir a los jóve- nes fotógrafos como ejemplo para jerarquizar
el tratamiento fotográfico en la edición. En su trabajo hay lecciones
de vida e imágenes carga- das de significados, en suma, una radiografía
de nuestras lamentaciones, victorias y tropiezos como peruanos. Así,
debería pensarse en una nueva entrega que rescate lo mejor de ambas
ediciones, los slides a color que tomó para las portadas del diario La
Prensa y, junto a Las Peruanas (UAP, 2011), producir El Perú según
Domínguez. Una idea para los interesados.