Las pioneras
UN REPORTAJE PARA ELLAS
The pioneer women. A reportage to them
Elsa Estremadoyro
Fotógrafa e investigadora
Asociación de Fotoperiodistas del Perú - AFPP.
elsaestrema@gmail.com
FOT. Nro. 5. Julio de 2021. ISSN: 2709-0507. V. 4 - n.° 5. pág. 70 - 79.
Recibido: 13 de mayo de 2021 / Aceptado: 10 de junio de 2021.
PALABRAS CLAVES:
Mujeres fotógrafas, historia peruana, prensa.
Key words:
Female photographers, Peruvian history, press.
RESUMEN
A poco de cumplirse cincuenta años
de la publicación de la primera fotografía realizada por una mujer en
un medio de prensa peruano, dentro de un contexto de reconocimiento
hacia el rol de la mujer en todos sus ámbitos, la fotografía de prensa
en el Perú tiene historias que contar. Las mujeres que integran la
primera generación de fotoperiodistas peruanas, se encontraban más
cerca de lo que imaginamos. Este texto reco- ge las voces y los
testimonios de once pioneras y los caminos que recorrieron.
ABSTRACT
Shortly after the fiftieth
anniversary of the publication of the first photograph taken by a woman
in a Peruvian press, within a context of recognition of the role of
women in all areas, press photography in Peru has stories to tell. The
women who make up the first generation of Peruvian photojournalists
were closer than we imagine. This text collects the voices and
testimonies of eleven pioneers and the paths they traveled.
Ocurrió durante la revolucionaria
década del setenta. Una tras otra, fueron llegando, cámara en mano, las
que forjarían el camino —que hasta ese momento era territorio exclusivo
del reportero gráfico— a punta de fortaleza. Fue definitivo, la calle
empezó a cubrirse de disparos femeninos.
Ser autodidactas y madres de
familia no detuvo a las dos mujeres que inician esta historia en épocas
—a las que llamaremos arcai- cas— de rollos de película, revelados en
labo- ratorio y cámaras analógicas. Las cuales eran las herramientas
indispensables ya que ni por asomo nos imaginábamos la revolución
digital que transformaría a la fotografía de prensa años más tarde.
En 1972, cuando una empeñosa
Alicia Benavides publicó su primera fotografía en la sección de
culturales de la revista Oiga, no imaginó que estaba marcando un hito.
El país se encontraba pasando por tiempos agitados y no mucho después
la censura cerró Oiga. Alicia pasó a colaborar con la revista Caretas
donde su trabajo puntilloso gustaba y sus retratos desta- caban.
Benavides construyó un importante archivo poblado de personajes
destacados en el mundo del arte: Ribeyro, Szyszlo, Vargas Llosa,
Varela, Tilsa figuran entre los mas renombrados.
Apasionada por la noticia, no dudó
en embarcarse en nuevos retos, como cuando fue comisionada para cubrir
una huelga de hambre que hicieron algunos periodistas para frenar las
amenazas de cierre de los medios de comuni- cación, durante el gobierno
militar de Morales Bermúdez. La reportera llegó con su frazada
preparada para unirse al grupo de protesta, fueron siete días en los
que los periodistas, de izquierda y derecha, compartieron espacio en un
salón donde durmieron sobre dos colcho- nes, uno para cada bando. “A
pesar de las dife- rencias de ideas, por las noches conversábamos y
discutíamos entre todos muy alturadamente”. La huelga fue estricta,
durante ese tiempo, la fotógrafa y su equipo sólo bebieron agua de
boldo que les llevaba Doris Gibson, fundadora del semanario. “Teníamos
una pancarta que decía : 14 periodistas en huelga de hambre por la
libertad. El asunto era que mis padres lo veían todo por televisión,
—pobre mi hija— suspiraba mi mamá. Ahora que pienso en ellos, me doy
cuenta de que pagaban pato con mi trabajo.” Afortunadamente al octavo
día se llegó a buen acuerdo y se levantó la huelga. La Chichi, como la
llaman con cariño, tiene en la actualidad 82 años, después de una
carrera como maestra universitaria, presentó en 2019 una muestra
retrospectiva en el Centro de la Imagen.
Un caluroso domingo de 1974,
Beatriz Suárez regresaba de un almuerzo familiar cuando se encontró con
un microbús que ardía. Como tenía su cámara en la cartera no dudó en
bajarse del auto y acercarse a fotografiar las llamas. Tras el
incendio, fue directo a casa para revelar su rollo 6x6 e hizo llegar
las fotos a una amiga, quien trabajaba en el noticiero El Panamericano.
Horas después, aparecieron en la pantalla las imágenes junto a la voz
en off del narrador que decía “Ha nacido una fotógrafa” grande fue su
sorpresa al darse cuenta de que la convirtieron en la protagonista de
la noticia. Los medios de prensa se interesaron por el material y fue
publicado al día siguiente, simul- táneamente en las portadas de La
Prensa, El Comercio y La Crónica. Su vida tomó un rumbo inesperado, se
le abrieron las puertas para iniciar colaboraciones con el diario La
Prensa.
En una carrera plena de matices y
de perfil bajo, destaca su participación en los primeros movimientos
feministas, en especial las cola- boraciones que hizo con la revista
Manuela del Centro Manuela Ramos, que incluía la publi- cación de
fotonovelas en las que la fotografía era usada como herramienta de
denuncia, abordando por primera vez temáticas sobre aborto, violencia
de género y racismo en un medio impreso.
Posteriormente irrumpen en el medio
“las chinas” Antonieta Gamarra y Carmen Barrantes, que se dedican a
cubrir las violentas marchas sindicales de la época y a recibir más de
un cachiporrazo de las fuerzas policiales, porque la represión en
aquella época era tan o más agresiva que hoy.
Antonieta Gamarra, viuda del
recordado Chino Domínguez, recuerda que afinó su ojo mientras observaba
las fotografías de su espo- so. Hasta el momento, ella es quien tiene
la trayectoria más larga ya que admirablemente se mantuvo activa en el
medio hasta las cercanías del año 2015. Fue parte del equipo fundador
del diario La República y posteriormente trabajó para organismos
estatales.
La “China” Barrantes fue una
fotógrafa independiente con todas sus letras. Trabajaba para periódicos
alternativos de izquierda y ella misma se hacía cargo de todo el
proceso, tanto del revelado del material como de la distribu- ción.
Comenta que tenía una clientela “caserita” que la buscaba después de
las marchas, para comprar sus fotos. Formó parte de INTERFOTO, una
agencia de prensa que reunió a un grupo de fotógrafos independientes
con el fin de brindar- se protección ante el alto riesgo que corrían en
la calle. “En el momento que yo ejercí, ser repor- tero gráfico era
considerado un oficio menor. No éramos considerados independientemente
de que fueras buen o malo como fotógrafo, ganábamos menos que los
redactores. Eso era también porque no estábamos profesionaliza- dos,
había una discriminación hacia el oficio”.
Alejada del periodismo, se dedicó a
hacer trabajo social desde otras plataformas. Treinta años después,
Barrantes vuelve a la fotografía para denunciar la minería ilegal. “Al
agarrar la cámara me transformé. Me di cuenta de que nunca dejas de ser
fotógrafa porque lo llevas en la sangre”.
Muy cerca de ellas, Mariel Vidal
tuvo que salir al extranjero ya que, en ese entonces, en Lima no
existían escuelas para estudiar fotogra- fía. A su regreso, en 1977,
recibe la propuesta para trabajar en la agencia de noticias UPI
posteriormente trabajaría para el mítico suple- mento cultural El
Caballo Rojo que dirigía Toño Cisneros. “En una ocasión salí a las
afueras de Lima a cubrir una marcha de mujeres. La Policía me persiguió
hasta mi auto y me detuvo, recuer- do que me hice la pila del miedo, me
llevaron a la comisaría y me velaron los rollos, pero yo me había
escondido dos entre mi ropa interior. Cuando se es joven como que no se
miden los riesgos. Afortunadamente mi jefe acudió a rescatarme, las
fotos se publicaron al día siguiente y a mí me mandaron dos semanas de
vacaciones para protegerme.”
A Vidal, el periodismo se le
presentó de manera fortuita, ella es esencialmente fotó- grafa y como
tal formó parte de la Fotogalería Secuencia que fue la primera galería
de arte dedicada a la fotografía en el Perú. Su serie “Costa” es uno de
los primeros ensayos docu- mentales que desarrolla el tema de la
migración en Lima. Captura el relajo y el disfrute de los veraneantes
con una mirada cómplice. “Yo buscaba que la gente estuviera conmigo.”
Actualmente vive en la ciudad de Toledo, pero no se ha desligado del
Perú y mucho menos de la fotografía. Por donde va, siempre lleva la
cámara en mano.
Hacia fines del setenta, María
Cecilia Piazza se acerca al fotoperiodismo. Aunque su obra es
reconocida sobre todo por su carácter artístico, Piazza mantiene un
interés por cubrir los hechos noticiosos bajo sus propias claves.
Mantiene cierta distancia de los hechos, los rodea, y esto le permite
acentuar el lenguaje simbólico. Sus colaboraciones con la revista
Quehacer, donde publicaba imágenes cargadas de claroscuros, fueron un
aporte novedoso en aquel momento. Sus fotografías destacaron por el
minucioso trabajo de laboratorio, ya que acostumbraba pasar horas en el
cuarto oscuro hasta lograr la calidad que deseaba en sus imágenes. Esto
hoy parece natural, sin embargo, para la época, la práctica del
laboratorio era incipiente.
Al término de la década del
ochenta, Rocío Cáceres regresa al país luego de reali- zar estudios de
fotografía en Londres e inicia colaboraciones en Testimonio, una
revista que dirigía César Hildebrandt. Luego pasó a la revista Sí,
donde tuvo la oportunidad de curtirse cubriendo los años más duros del
período de violencia interna. Fue, propiamente dicho, una fotógrafa de
guerra. “En Ayacucho bajé a los infiernos. La dinámica era que los
periodistas salíamos a hacer los recorridos con un pelotón del
Ejército, fuera de día o de noche, durante esos recorridos vi mucha
muerte. Todo estaba envuelto en una violencia espantosa”.
Un retrato que realizó durante la
campa- ña electoral de 1990, al entonces candidato Alberto Fujimori,
mostraba al futuro presidente vestido con una “bata” y una espada con
un ligero tono o remedo del estilo samurái. La foto rebotó en medios
internacionales, e incluso se publicó en diarios japoneses, lo que
causó las iras del candidato, quien amenazó a la fotógrafa. Algunos
años después Rocío decidió retirarse del trabajo periodístico, sin
retorno.
Mónica Newton era una economista
que no se hallaba a gusto con su profesión. Casada y con tres hijos, en
1984 se inscribió en un curso que dictaba el taller La Araña y fue en
ese lugar, que despierta su pasión por la fotografía. En un viaje al
extranjero con su familia, ahonda en sus estudios y se interesa por el
fotoperiodismo. A su regreso al país, inicia prácticas en el diario
Ojo, en donde se convierte en la primera mujer en integrarse al equipo
de reporteros gráficos. “Ojo fue una escuela para mi y Andrés Longhi
fue un súper guía. Me confió la misión de hacer de la realidad algo
menos trágica. Quería empe- zar desde abajo, desde lo más simple, pero
durante los primeros meses enfrenté boicots de mis compañeros de
trabajo. Me velaban los negativos, no me firmaban las buenas fotos,
etc. Al cabo de un tiempo fueron dándose cuenta de que yo realmente
trabajaba y de que no era la ‘pituquita’ que ellos pensaban que era. Al
cabo de seis meses me había ganado su respeto”.
Posteriormente, Newton trabajaría
para la Unidad de Investigación del diario La República, dedicándose a
cubrir temas sobre narcotráfico. La Amazonía la conectó con una vida
que ella desconocía. “A pesar de la violencia que sufría el pueblo
Ashaninka su vida cotidiana seguía un ritmo natural, ellos podían
cambiar de canal en medio de escenarios dramáticos. Fotografiar ese
momento en que la vida y la muerte hacen un contrapunto fue
transformador para mí”.
Muy cerca, Vera Lentz es la
fotoperiodista que ha recibido mayor reconocimiento por su
extraordinaria cobertura del conflicto armado interno entre 1980 y
2000. Su madre fue una retratista alemana que tuvo un concurrido estu-
dio en Miraflores. Educada en el extranjero, cuando regresa al país
durante los primeros años de la década del 80, Lentz fotografía, desde
la primera línea, con el objetivo de documentar la crudeza del
conflicto desde todos sus ángu- los. Su obra se puede apreciar como
parte de la muestra Yuyanapaq, de la CVR. Actualmente se dedica a la
enseñanza universitaria.
Fátima López es, posiblemente, la
primera alumna egresada de una facultad de comunica- ciones que se
forja como fotógrafa de prensa en el Perú. Lo que ocasionó reacciones
adversas entre algunos reporteros gráficos de oficio, quienes se
incomodaron por el hecho de que una mujer universitaria se desempeñara
a la par que ellos. Tenaz y aguerrida, López supo defender su espacio
sin ceder ante los agravios. Acostumbrada a darlo todo de sí durante
las comisiones, no cejaba hasta lograr la foto que el editor esperaba.
El otro lado de la moneda era que no medía el peligro de las
condiciones en que se encontraban, la adrenalina superaba de largo al
temor.
Los fotógrafos trabajaban con su
propio equipo, no tenían ningún tipo de seguro y el país estaba en
guerra. “Vivía cerca de Tarata, cuando sentí la explosión tomé mi
maletín y salí corriendo, cuando llegué al cruce de Benavides con
Alcanfores me di cuenta de la magnitud del ataque y de lo que me
esperaba. Pasé la noche allí, fue dantesco, nos trastornó a todos”. La
trayectoria de Fátima ha sido muy amplia, se inicia en 1988 en el
suplemento VSD de La República, trabajó luego para la revista Caretas,
el diario El Comercio, las revistas Quehacer y Debate. Actualmente vive
fuera del Perú y conti- núa su labor como fotógrafa.
Este recuento no puede dejar de
mencio- nar a Eva Castro, quien trabajó para la revista Sí. Cuando el
candidato Fujimori fue electo presidente en 1990, ella fue contratada
como fotógrafa exclusiva del Presidente y de su familia. Fue
precisamente realizando un viaje con la comitiva presidencial que la
camioneta en que se desplazaba sufrió un accidente en la carretera y
Eva falleció. El rescate de su obra es aún una labor pendiente.
Al salir de la universidad, Nancy
Chappell pensaba dedicarse al periodismo escrito. Pero mientras hacía
prácticas en el diario Ojo se dio cuenta de que lo suyo era la cámara,
y no se equivocó. “Sentía que las palabras me quedaban cortas”. Una
trayectoria de treinta y tres años y un recorrido por varios medios,
entre los que recordamos el diario Página Libre y, más recientemente,
el diario El Comercio, forman parte de su historia. “Hice mis prácticas
de fotografía entre coches bomba y balas. Al inicio no era consciente
de los riesgos, hasta que cubrí un atentado, donde un taxista minu- tos
antes había muerto quemado por terroristas, ese día tuve miedo”.
Paralelamente a su trabajo en
medios, Nancy ha construido un trabajo entrañable, en el que destacamos
su ensayo sobre la ciudad de Ayacucho, a posteriori del conflicto
armado. Con un impecable manejo de la luz, su serie de foto- grafías
nos muestra el fervor y la fortaleza de un pueblo que se recupera de
sus dolores. “Llegar a Ayacucho donde aún podía ver el horror en los
rostros de la gente, como limeña, me hizo sentir mal porque había
vivido y visto todo el conflicto de una manera muy lejana. Estuve
distanciada de mi profesión hasta que Mayu me propuso trabajar en el
proyecto de la CVR”. Actualmente, trabaja como fotógrafa independiente.
Fue en un curso universitario
dictado por Jorge Deustua, que Mayu Mohanna decidió ser fotógrafa.
Corrían los primeros días del verano de 1990, cuando empezó a trabajar
para la revista Sí, estaba decidida a enfrentar la calle y a poner todo
de su parte hasta lograr “la foto”. La fotografía fue una prioridad
para ella y ocupó gran parte de su tiempo por muchos años. Por ejemplo,
para poder realizar su ensa- yo “Rituales”, juntaba sus días libres y
tomaba vacaciones por quincenas para poder viajar a cubrir las fiestas
religiosas. Estos viajes signi- ficaron espacios para conectar con el
interior del país y retornar a sus orígenes, pues ella nació en
Chimbote y migró a Lima para iniciar estudios universitarios.
Con el nuevo siglo, surgen también
nuevos intereses dirigidos hacia la investigación de archivos
fotográficos. El proyecto para poner en valor la obra del ayacuchano
Baldomero Alejos, en el año 2000, lleva a Mayu a iniciar su camino como
curadora y editora de fotografía. Trabajo que se consolida cuando
recibe el encargo de la CVR para realizar la inmensa muestra Yuyanapaq.
“Incluso ahora que estoy haciendo museografía, siento que estoy
fotografiando. Porque cuando compongo de forma tridimen- sional en una
sala, estoy editando e iluminando en la pared. Propiamente no hago
fotos ahora, pero siento que sigo haciéndolas.”
Si bien esta investigación abarca a
las fotó- grafas que surgieron durante el período de 1970 a 1990, es
importante agregar que, en la última década del siglo XX, la presencia
de un batallón de entusiastas reporteras se incrementó en los medios de
prensa, gracias a que —por fin— las currículas universitarias
incorporaron cursos de fotografía en las facultades de comunicación,
logrando que la labor del reportero gráfico se profesionalice y
adquiera un nuevo ‘estatus’.
El espacio queda corto para
mencionar a todas las fotógrafas que destacaron en aquel tiempo. Como
Silvia Izquierdo y su trabajo sobre el rescate de los rehenes de la
embajada japonesa, en 1997; Verónica Salem y sus muchas imágenes que
perduran nítidas en nuestra retina, como las manos negras de los
Fujimori luego de trepar la reja de Palacio de Gobierno en el año 2000;
Pilar Olivares y su infatigable caza de las mejores fotografías en las
muchas coberturas futbolísticas; Úrsula Cáceres y la icónica imagen de
una pequeña Sofía Mulánovich, de nueve años, abrazada de su tabla en la
portada de Somos; y tantas otras que vinieron después, y que aún nos
iluminan con la luz inacabable de sus fotografías. Hoy, los flashes son
para ellas.
OTRAS FOTÓGRAFAS (1970-2000)
CHARLOTTE BURENIUS; ARMIDA TESTINO;
FRANÇOISE SMET; ANA CECILIA GONZALES VIGIL; MARIANA BAZO; ROXANA
ARTACHO; TATI QUIÑONES; CECILIA LARRABURE; CONSUELO VARGAS; INÉS
MENACHO; ALEJANDRA BRUN; SILVIA NEYRA; FLORA HARO; GUISELA CÁCERES;
CECILIA DURAND; ELSA ESTREMADOYRO; JIMENA CORONADO; CARMEN RÁVAGO; FLOR
SÁNCHEZ; MAGALÍ DEL SOLAR.

Conversación. Yauyos, 1980. Maria Cecilia Piazza.

Retrato a Gerd Diehl. Barranco, 1994. Fatima López.

Paro nacional. Lima, 1977. Cármen Barrantes.

Asháninkas liberados de Sendero Luminoso. Cutivireni, Rio Ene, 1991. Vera Lentz.

Serie “La costa”. Playa Agua Dulce, 1986. Mariel Vidal.

Serie “Viernes Santo”. Huanta, Ayacucho, 1994. Nancy Chappell.

Serie “Rituales”. Ayabaca, Piura, 1996. Mayu Mohanna.

La vida en un solar. Centro de Lima, 1975. Beatriz Suárez.

Julio Ramón Ribeyro en París. Alicia Benavides.

Madre Kandozi. Lago Musa Karusha, Loreto, 1995. Mónica Newton.